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Qué hacer en Nápoles en el día

«Vedi Napoli e poi muori» (ver Nápoles y luego morir) escribió el famoso poeta alemán Goethe tras su visita a la ciudad en 1787. Desde entonces, esa frase se convirtió en la línea más repetida por los napolitanos siempre orgullosos de mostrar su tierra al mundo. Morir, porque luego de apreciar tanta belleza, tanta riqueza histórica, cultural, arquitectónica y gastronómica, luego de disfrutar de las experiencias que propone una ciudad como Nápoles, ya no hace falta vivir para ver nada más.

Es difícil para el viajero conocer todos los recovecos de una ciudad como ésta en tan solo un día. Son tantos sus atractivos y espacios únicos que se necesitarían semanas para poder captar íntegramente el color del espíritu napolitano. Sin embargo, un día completo puedo ser tiempo suficiente para una buena probada de la esencia local antes de seguir rumbo sur hacia los imponentes destinos cercanos: la costa amalfitana, Pompeya o la isla de Capri.

En el siguiente texto recorreremos los puntos de la ciudad que ningún viajero debe perderse en un viaje a Nápoles.

¿Qué visitar en Nápoles?

Casco Histórico

Para comenzar nuestro recorrido desde el principio, nada mejor que recorrer el casco histórico de la ciudad. Ubicado sobre el Golfo de Nápoles, es el reflejo del paso de las diferentes culturas y pueblos que han dejado su huella en la ciudad a lo largo de la historia. Declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1995, sus más de 2000 años se reflejan en sus muros y edificios históricos, en sus obeliscos, monasterios, ruinas y catacumbas. Sus calles son una foto perfecta del estilo de vida napolitano y su gente siempre amable y cordial con el viajero.

El Museo Arqueológico Nacional, con su imponente colección, sirve también como orientador para el visitante, brindándole una idea más clara del paso de los siglos en Nápoles. A través del recorrido de sus salas puede conocerse de primera mano el influjo que la ciudad ha recibido de las culturas griega, romana, federiciana, angevina, aragonesa y borbónica y que la han transformado en la ciudad que es hoy en día.

Conocida en algún momento como “la ciudad de las 500 cúpulas”, Nápoles es conocida mundialmente por la impresionante cantidad de iglesias que alberga entre sus calles. Entre ellas, el mayor número (unas 300) se encuentran precisamente en el casco histórico. Destacan entre tantos templos maravillosos, las iglesias de San GennaroSan Giorgio MaggioreSan Giovanni Maggiore, todas bellísimas y con elementos arquitectónicos de los siglos IV y V a.C.

Durante la época aragonesa (Siglo XVI), la ciudad y la zona vivió un auge que se caracterizó por la edificación o reconstrucción de iglesias como la del Gesù Nuovo o de San Paolo Maggiore, dos templos increíbles que también vale la pena recorrer. Asimismo, el centro histórico destaca por la presencia del Castel dell’Ovo, reconstruido en el siglo XVI por los normandos quienes reforzaron el edificio transformándolo en una verdadera fortaleza que se conserva hasta el presente.

Piazza del Plebiscito

Desde la Plaza del Plebiscito, en el corazón mismo de la ciudad, el viajero tendrá una clara idea de las maravillas que tiene por delante. Con una superficie de unos 25.000 m2, la plaza se encuentra rodeada de varios de los edificios más emblemáticos de Nápoles. Entre ellos, destacan el Palacio Real, que fuera residencia de los virreyes españoles y luego de la dinastía borbónica durante más de cien años (1734- 1861), la Basílica de San Francisco de Paula, edificada en estilo neoclásico y que fue comisionada a Pietro Bianchi en 1817 y terminada en 1846 y los llamados palacios gemelos: el Palacio de la Prefectura y el Palacio Palermo.

Además, destacan las dos estatuas ecuestres del rey Carlos III y de su hijo Fernando I, ambas diseñadas por el escultor Antonio Canova. Muy cerca de ellas, se encuentra la monumental Galería Umberto I, un imponente centro comercial construido entre 1887 y 1890 y que aún se encuentra activo.

La zona de la Plaza del Plebiscito es hoy punto neurálgico de la ciudad y sede recurrente de todo tipo de encuentros y celebraciones masivas. Hay un desafío que se presenta para todos los visitantes y del que disfrutan especialmente los niños: Se trata de atravesar la plaza con los ojos vendados, partiendo de la puerta del Palacio Real y pasando entre las dos estatuas ecuestres. Es curioso cómo, a pesar de lo sencilla que parece la consigna, aún nadie lo ha logrado. Esto se debe a que por las irregularidades del terreno es imposible mantenerse en línea recta y, sin notarlo, el paso se va yendo gradualmente al costado ¡Parece mágico!

Ciudad de castillos y palacios

Además de la enorme cantidad de iglesias, Nápoles es famoso por sus numerosos castillos y palacios. En nuestro recorrido de un día por la ciudad, no puede faltar una visita al castillo medieval Maschio Angioino, también conocido como Castel Nuovo. Edificado entre los años 1279 y 1282 el castillo nos traslada inmediatamente a los cuentos de caballeros, doncellas y dragones de nuestra infancia. Las cinco torres imponen respeto y hacen pensar que se trata de una fortificación imbatible. Pero sin dudas lo que más resalta del edificio es su característico arco  triunfal hecho en mármol, que rememora la entrada del rey Alfonso de Nápoles a la ciudad. Fue edificado en estilo renacentista napolitano e inspirado en los arcos romanos.

Además de los mencionados (Palacio Real, Castel dell’Ovo y Castel Nuovo) en la ciudad existen también otros castillos como el Castel Capuano de origen normando, el Castel Sant’Elmo de 1343 y cavado en parte sobre la roca viva y el Palacio Real de Capodimonte, inaugurado en 1755 y residencia de las casas Borbón, Bonaparte, Murat y Saboya. No caben dudas de que Nápoles es un lugar ideal para los amantes de este tipo de edificaciones.

Las joyas Napolitanas

Además de los castillos, palacios e iglesias, y de la increíble riqueza del casco histórico, la ciudad de Nápoles posee varias joyas que vale la pena conocer aunque apenas se cuente con pocas horas en la ciudad.

Las históricas pizzas

Declarada como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, el arte culinario de los pizzaioli napolitanos es una de las joyas de la ciudad. Para los amantes de la buena gastronomía regional, el paso por la ciudad tiene por cita obligada un buen puesto de pizza napolitana, una tradición que encuentra sus primeros registros allá por el siglo XVIII.

Respetuosos de la más estricta tradición, las pizzerías locales solo ofrecen dos sabores de pizza: la marinara (con tomate, orégano, ajo y aceite de oliva) y la Margherita (con tomate, mozzarella de búfala y aceite de oliva) y que toma su nombre de la Reina Margarita de Saboya. Entre los puristas estas son las dos únicas opciones de pizza verdaderas y así lo sostienen, por ejemplo, los dueños de la Antica Pizzeria da Michele fundada en 1870 y uno de los lugares que no puede dejar de visitarse.

Orto clásico menos conocido de Nápoles es la pizza frita, un verdadero manjar que difícilmente pueda probarse fuera de Italia.  El exterior crujiente y el interior fundido hacen de la pizza frita una explosión de sabores que se disfruta en cada mordida. Pero cuidado, la pizza frita debe estar hecha por manos expertas o puede caer realmente pesada. Entre los mejores lugares de la ciudad destaca sin dudas la Antica Pizza Fritta da Zía Esterina Sorbillo, calidad 100% garantizada.

Cristo Velato

Otra de las joyas imperdibles napolitanas es la escultura del Cristo Velado. Una obra maestra que sorprende e impacta por su nivel de realismo y detalle que por momentos hace olvidar que se trata de una pieza de mármol moldeada. Creada en 1753 por el escultor napolitano Giuseppe Sanmartino, la figura representa una imagen de Cristo muerto tapado por un sudario transparente. Considerada una las obras maestras de la escultura mundial, el Cristo se encuentra en la Capilla Sansevero.

Mercadillos navideños todo el año

Además de todo lo mencionado, el centro histórico de la ciudad de Nápoles tiene otra particularidad que lo hace único: sus mercados navideños. Es que a diferencia de otras partes del mundo, aquí la navidad se celebra durante los 365 días del año. La calle de San Gregorio Armeno se viste de fiesta cada día y en su recorrido a pie el viajante podrá ver los más hermosos adornos navideños, muchos de ellos realizados a mano y con detalles increíbles como las figuras para adornar el pesebre.

No hay dudas de que Nápoles es la puerta de entrada al sur de Italia y pasar por lo menos un día entre sus calles debería ser cita obligada para todos aquellos viajeros que planean recorrer la parte austral de la península.